El Elefante y El Cocodrilo

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El Elefante y El Cocodrilo

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EL ELEFANTE Y EL COCODRILO

 

Existió un vez una montaña llamada Trikuta. Era famosa por su belleza y por estar rodeada en su totalidad por un océano de leche. Las enredaderas que crecían en sus laderas eran luminosas como el oro y la plata, y los puntos cardinales brillaban como consecuencia de la luz que emanaba de esta montaña. Era sumamente extensa. Había caracolas y preciosas piedras en sus cercanías. Desde la altura, la tierra, de color oscuro, el blanco mar de leche y las laderas verdes, con sus encantadores árboles, arbustos y enredaderas, daban el efecto de una gigantesca esmeralda engarzada en plata. Era realmente una maravillosa montaña. Los animales salvajes vivían en ella y la dulce música de los pájaros se mezclaba con el rugido de tigres y leones que habitaban en sus cuevas. La fragancia perfumaba el aire con los innumerables aromas de las flores. Todo esto atraía a los seres divinos, quienes pasaban su tiempo en ese lugar. Así, esa maravillosa montaña, fue el lugar hacia donde se dirigían los seres celestiales. Siddhas, Charanas y Gandharvas lo visitaban a menudo y pasaban su tiempo en los valles y hendiduras que brillaban con el fulgor de un sinnúmero de gemas preciosas incrustadas en las rocas.

Había en esta montaña un jardín llamado Rituman. Se hallaba poblado por árboles con infinita variedad de flores. Mandara, Parijata, Patala, Ashoka, Champaka, Chuta y árboles frutales como la granada y el mango se alzaban también allí. Existían además otros árboles tan gigantescos que tocaban el cielo, como el Devadharu y el Sala. El jardín pertenecía a Varuna, el Deva de las aguas. En él se podía contemplar también un lago maravilloso. Era inmenso. En su superficie flotaban lotos azules, blancos y rojos. Su akaranda260 era tan prolífico que siempre se podía escuchar el zumbido de las abejas que libaban las flores en el verano. Aves acuáticas como la grulla y los cisnes se hallaban en ese lugar, y los peces y tortugas dentro del agua se podían ver con claridad, puesto que el agua era transparente. Las orillas del lago se hallaban florecidas con matas de jazmines y enredaderas. Era tan intenso el perfume allí que uno se sentía poseído por el mismo, y a veces, en éxtasis, sobrevenía el desmayo.

En este lugar encantador, vivía un inmenso elefante con toda su manada. Él deambulaba a voluntad y su manada siempre lo acompañaba. Su pasatiempo favorito era desenterrar bambúes en los bosques y comer los brotes tiernos de sus cañas, los cuales se constituyeron en su alimento favorito. Era tan libre y poderoso que aún los animales salvajes como el león, el tigre, los jabalíes, los toros huían del lugar donde él se encontraba.

Cierta vez, durante un verano, y luego de una larga marcha con sus compañeros, el elefante se sintió muy fatigado y extremadamente sediento. Desde cierta distancia, sintió el perfume de las aguas, de modo que se dirigió hacia el lago. Su manada lo seguía. Tan pronto como llegaron, ingresaron a él. Se refrescaron con un baño y bebieron sus dulces aguas. Una vez que saciaron su sed, decidieron marcharse. Habían pasado mucho tiempo en las clarísimas aguas, haciendo lodo con su cieno, que, como sabemos es muy amado por los elefantes, porque les refresca su fortísima epidermis. El elefante líder tomó agua con su trompa y la derramó sobre el lomo de los pequeños y de las elefantas. Así como un ser humano poseído por los placeres del Samsara no se da cuenta que su vida se acorta día tras día, así también, el elefante no tuvo en cuenta el paso de las horas. Indiferente al peligro que se escondía en las profundidades, continuaba con sus juegos como un Samsari261 que no se apercibe que se halla prisionero en esa trampa del mundo que lo toma y lo esclaviza para siempre.

Enviado por el destino, un cocodrilo que había estado viviendo en el lago por mucho tiempo, tomó la pierna del elefante entre sus poderosas mandíbulas. El inesperado dolor hizo que el elefante se sacudiera fuertemente y tratara de librarse del cocodrilo. Pero ello no era posible. Por mucho que trataba, el elefante hallaba imposible liberarse de las fauces de este animal. Sus compañeros trataron de ayudarlo, pero todo fue en vano. El asimiento del cocodrilo era tan poderoso, que el elefante, fuerte como era, no tenía el suficiente poder como para liberarse del cocodrilo. La lucha continuó durante largo tiempo. Más aún, se extendió por años y años. Hasta los mismos Devas se hicieron presentes para contemplar el duelo entre el Señor de la selva y el Rey de los ríos. Lenta, pero incesantemente, la fuerza del elefante fue decayendo. Así, el cocodrilo fue ganando primacía y sentía que se tornaba cada vez más fuerte y poderoso. Al fin, el elefante se dio cuenta que esa era una batalla perdida para él, y que pronto la vida abandonaría su cuerpo. En ese momento, comenzó a ver todas las cosas desde una recta perspectiva. Pensó y meditó por un largo tiempo y luego se dijo a sí mismo: “Estoy en un terrible problema. Todos los que pertenecen a mi manada son incapaces de librarme de semejante dolor. Me he dado cuenta que nadie puede ayudarme ahora en esta gran calamidad que ha caído sobre mí. Sin embargo, todavía guardo en mi corazón una esperanza: puedo rendirme a los pies del Señor, quien es el refugio de seres tan perfectos como el mismo Brahmâ. Seguramente, Él me protegerá de esta terrible serpiente llamada Muerte, que está tratando de atemorizarme. Si Dios está conmigo, la Muerte misma huirá de aquí, puesto que ella siente temor ante el Señor. Así, yo meditaré en Dios”.

Él disciplinó su mente y sus pensamientos, y meditó con gran intensidad en Narayana. Comenzando a cantar sus Bienaventuranzas, él dijo: “Salutación a Ti, Señor de todos los Señores. Tú eres el Anciano, el Espíritu262 del Mundo, y la Materia,263 nacida del Purusha. Eres la luz que ilumina el intelecto de los seres humanos. La totalidad del Universo se halla en Ti. Él ha nacido de Ti, y no tiene existencia fuera de Ti. Luego de crearlo, al tiempo del diluvio universal, lo tomas nuevamente dentro tuyo. Tú eres la luz que está más allá del origen de todas las luces”.

“Tú te hallas a las orillas del mar de las Tinieblas, de Tamas, que es lo que se encuentra al final del Pralaya, y otorgas nueva vida a la Creación que nace de la anterior. El ciclo es infinito y Tú eres la causa que sostiene todo el Cosmos. Es para tener una visión Tuya que los Rishis pasan millones de años absortos en meditación. No tienes nacimiento, ni acción que realizar, ni nombres, ni cualidades que te distingan a Ti de los otros. Y sin embargo, por Tu Mâyâ creas formas de Ti Mismo, con nombres y cualidades asociadas a ellas. El hecho de que no poseas forma alguna es olvidado por aquellos que ven que tomas una forma por el bien del mundo. Estás más allá del alcance de los sentidos, de la mente, de la emoción y del intelecto. Sin embargo, pese a que Te encuentras más allá de toda captación, hay algunos que te han realizado y se han tornado Uno contigo”.

“Eres el Vidente264 que pone en funcionamiento a los Indriyas (los sentidos) y sus diferentes conductas individuales. Eres la causa de todas las cosas, pero nada es causa Tuya, puesto que eres Sin Tiempo, Eterno, Sin Comienzo y Sin Fin. No hay límites para Ti, puesto que eres Infinito”.

“No eres afectado por las cualidades de la Naturaleza, ni por sus interacciones, por lo tanto, aquellos que sucumben ante Mâyâ, ante la Gran Ilusión, causada por las cualidades de la Naturaleza, no son capaces de darse cuenta de la Realidad acerca de Ti. Así como el brillo del Sol y del fuego nacen de sí mismos e iluminan por un tiempo y luego se funden en su propia esencia, así también ocurre con la Gloria que emana de Ti. Esta corriente de las Gunas, la mente, el intelecto, los sentidos y los cuerpos que gozan de todos ellos, nacen también de Ti, y al final se pierden también en Ti. Ellos no son entidades separadas de Ti. Tú eres conocido por hallarte más allá de las Gunas, pero, aún así, eres la personificación de la compasión. Los seres que se someten enteramente a Ti por amor son curados con toda seguridad de su ignorancia, de su Avidya, y logran por fin, tener una visión de la Verdad, que eres Tú”.

“Este nacimiento mío que interiormente está lleno de Avidya, y también exteriormente, esta forma elefantina, y también esta mente, ya no tienen utilidad para mí. Carezco ahora del deseo de continuar viviendo. Anhelo con todo mi ser ese Moksha que no puede ser destruido por el paso del tiempo. Las virtudes que se conquistan son recompensadas por un cierto período en el Cielo, pero, cuando estas virtudes se tornan exhaustas, el hombre debe regresar nuevamente al mundo del dolor. Yo quiero un Moksha diferente a esto. Quiero ser curado de la Ignorancia. Soy un Mumukshu.265 Te saludo a Ti, la Causa del universo que penetra todas las cosas y aún así, se encuentra aparte de todo lo creado: Tú eres la ultérrima Verdad. Los Yogis te ven en su corazón, puesto que sus Karmas y el resultado de sus Karmas han sido destruidos en la llama del Auto-conocimiento. Tu grandeza se oculta de criaturas torpes como yo, porque nuestro pensamiento se encuentra obnubilado por el sentido de “yo soy” y “yo tengo”. Así, me rindo ante el Infinito Poder, Verdad y Luz que eres Tú”.

Brahmâ, y todos los otros Devas estaban escuchando las palabras del elefante. Cada uno de ellos sabía que no estaba preparado para recibir las palabras de bienaventuranza pronunciadas por el elefante. Esas alabanzas, sin duda alguna, estaban dirigidas al Gran Purusha. Narayana se sintió emocionado ante los ruegos de su criatura y, asumiendo la forma de Hari, apareció delante de Él a las orillas del lago. Garuda lo llevaba sobre su lomo. En Sus manos brillaba el Chakra Sudarshana.266 Observándolo, el elefante levantó su trompa sosteniendo un loto y le dijo: “¡Señor, Señor Narayana! Yo te saludo”.

Narayana se sintió poseído por la compasión ante ese elefante y su desgracia. Él entonces, ingresó al lago, mató al cocodrilo con su Chakra Sudarshana y llevó al elefante fuera del mismo. De la pierna del elefante colgaba todavía la forma muerta del cocodrilo con su boca abierta.

Los habitantes del Cielo estaban observando ese asombroso acontecimiento. Ellos rodearon al Señor y también al elefante. Este último, a pesar del terrible agotamiento que le causara la lucha durante todos esos años, permanecía con la flor de loto en la punta de su trompa levantada hacia el Señor. Con amor infinito, el Señor aceptó el loto, y el elefante se sintió inundado por la más absoluta felicidad.

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